Gadamer y la idea de “horizonte”, Mag. Andrés Ferrer Ferrero - Gadamer and the idea of “horizon”
En la Modernidad existiría la tendencia a aplicar en las ciencias humanas el modelo explicativo propio de las naturales buscando “purgar” al objeto de los prejuicios y así asegurar el avance en las humanas tal como sucedería en las naturales.
Pero,
desde una perspectiva hermenéutica se entiende que la comprensión parte “desde
un determinado horizonte” (T. Calvo Martínez y J.M. Navarro, 2002, pp. 36-7).
Esta idea de “horizonte” implica que comprendemos desde un lugar, el lugar
donde estamos situados. En otras palabras, el que comprende lo hace desde el
horizonte que es su propia cultura. Ya se trate de obras de arte o literarias
del pasado, hemos de comprenderlas desde el horizonte de nuestro presente. Como
resumen Calvo Martínez y Navarro (2002) por círculo hermenéutico entendemos que:
“la comprensión (plena) se lleva a cabo desde una cierta comprensión previa
(pre-comprensión) inicial que nos viene dada por nuestra propia situación
cultural. Por ello, la comprensión se basa siempre en la interpretación” (pp.
36-7). En este contexto analicemos, someramente, la teoría hermenéutica de Hans
George Gadamer.
En La Fenomenología
(Husserl) hablaba de un “mundo de la vida” constituido por el conjunto de cosas
que componen lo cotidiano y que condicionan a un individuo. Husserl propone evitar
la circularidad por medio de una “depuración”
de la conciencia con respecto a lo cotidiano de manera que el objeto resalte.
Entonces, sería una “conciencia depurada” que no mira desde ningún lugar. Pero
en Gadamer no se trata de acercarse a un texto “como si fuéramos una tabla
rasa” sino de tomar conciencia de nuestras anticipaciones o previsiones. Es
la “autoconciencia” la que permite que dichas anticipaciones dejen de ser
obstáculos para la comprensión. Como el propio Gadamer dice: “El que quiere
comprender realiza siempre un proyectar”. O sea, la comprensión de lo que
uno pone en el texto consiste justamente en la producción de ese proyecto
previo, que tiene que ser constantemente revisado. Entonces, como vemos, no se
trata de que, al comprender la lectura de algún texto, tengamos que olvidarnos
de nuestras opiniones sino que, además, tendríamos que estar atentos a la opinión
del otro o a la del texto. Una conciencia formada hermenéuticamente, por
decirlo así, tiene que mostrarse receptiva desde el principio para la alteridad
del texto.
Podemos conectar lo
que precede con la consideración que Gadamer hace de la noción de “autoridad”. Para el iluminismo la
razón debía imponerse a toda autoridad. Pero Gadamer sostiene que la autoridad
del pasado ilumina a la razón, dice Gadamer: “la oposición entre fe en la
autoridad y uso de la propia razón, instaurada por la Ilustración, tiene
desde luego razón de ser” (Gadamer, 1991, p. 347)[2].
Si el prestigio de la autoridad reemplaza el juicio propio, entonces la
autoridad es, de hecho, una fuente de prejuicios. Pero esto no excluye que sea
una fuente de verdad, y esto es lo que la Ilustración no percibió cuando
denigró toda autoridad”. Es de notar que Gadamer no dice que algo es verdadero
por haber sido dicho o escrito por alguien que detenta autoridad, sino que
puede descubrirse como verdadero. La aceptación de la verdad que la autoridad potencialmente
posee, se liga, no con el hecho de que algo puede ser considerado absolutamente
cierto simplemente por proceder de una voz autoritativa, sino más bien, es una
consecuencia de las limitaciones de la razón reflexiva. Conceder autoridad
significa reconocer que el otro posee un conocimiento que nosotros no poseemos.
"Tradición” y
“racionalidad”
Otra particularidad
que se encontraría en la hermenéutica “gadameriana”, es la relación entre “tradición” y “racionalidad”. Hay que
entender que la tradición no se constituye en enemiga de la racionalidad.
Gadamer insiste en que la tradición es conservación necesaria, es como una
especie de capital o, mejor dicho, una herencia que recibimos constituida por
los prejuicios que son los que no permiten la comprensión. Es en la tradición
en donde se da la mediación entre el pasado y el presente. Según Schleirmacher la
hermenéutica era el arte de evitar el malentendido. Dicho malentendido se daría
usualmente en la comunicación entre una comunidad histórica con otra del
pasado. Habría una brecha entre ambas comunidades que, para Schleirmacher,
debía ser superada; según él el tiempo era un obstáculo superable solamente por
medio de un retorno a las circunstancias originales del autor y de la obra; en
cambio para Gadamer, el tiempo no es “más un vacío aterrador” sino que debe
verse como una continuidad de la precedencia y de la tradición, desde donde se
nos muestra lo transmitido. Como el mismo Gadamer lo expresa: “la distancia
en el tiempo tiene más sentido que la mera desconexión de los propios intereses
sobre el objeto. La distancia es la única que permite una expresión completa
del verdadero sentido que hay en las cosas” (GADAMER, H. G., 1991, p. 367) [3].
Podemos ver que
Gadamer considera al prejuicio, a diferencia de la Ilustración, como algo
positivo para la comprensión. Fue la Ilustración la que le proporcionó al
concepto “prejuicio” un significado exclusivamente negativo, considerándolo
como un juicio ilegítimo que precede al conocimiento verdadero. El prejuicio refleja
posiciones a priori y que son irracionales. Pero Gadamer subraya que hay
prejuicios que son productivos porque permiten una apertura a la comprensión de
un texto. Gadamer entiende que, si bien un prejuicio es una anticipación, los
mismos pueden ser tanto verdaderos como falsos. Serían falsas aquellas ideas
que yo quiera mantener pero que no pueda lograrlo. Entonces, no se trataría de
asumir el prejuicio a-críticamente
sino que, además, hay que evaluarlo por medio de la razón. Aquí vemos que
habría un vaivén, es decir, se comprende un hecho del pasado asumiendo el
prejuicio o siendo crítico con el mismo (ahora bien, no podría establecerse si
conocemos por medio del prejuicio o por medio de la razón que sería la que
evalúa si sirve o no ese prejuicio).
Contraponer un arte
del “presente” a uno del “pasado” constituiría un prejuicio que no podría ser mantenido, es decir, no me
serviría para comprender. Como lo señaló Gadamer, siempre “hay un trabajo de
reflexión, un trabajo espiritual”, es decir, nos relacionamos con la obra no
como simples espectadores sino como participantes. Incluso en obras que podrían
ser consideradas no modernas se da esa “construcción forzosa” o trabajo
reflexivo; esto implica que por más que, si al admirar una obra “antigua”, se
haya intuido que el personaje representado en la misma corresponde a Carlos V
no se estaría logrando comprender el verdadero significado de ese cuadro o,
como lo dice Gadamer, “no se ha visto nada del cuadro”. Por eso nos habla de
los efectos de la experiencia del arte.
Otro concepto importante es el de “horizonte”
como marco general en que a la par se muestra y constituye el sentido y que
abarca tanto el lado del sujeto como del objeto. Cada horizonte es correlativo
a un punto de vista o, si se quiere, cada punto de vista se constituye y crece
en un determinado horizonte. Dicho horizonte “no es fijo y cerrado sino móvil y
diferente; sería como un marco de comprensión”. El horizonte del intérprete se
ensancha hasta abarcar aquello que, en un principio, le parecería ajeno y lejano.
Tanto “comprensión” como
“interpretación” tienen lugar desde una comunidad lingüística y cultural
y en el marco de un determinado horizonte histórico.
El hecho de que no
haya contraposición sino continuidad marcaría un ascenso hacia una generalidad
superior. Hay una superación “entre las expectativas cobijadas en la tradición
y los nuevos hábitos que el artista contribuye a introducir” (Gadamer, 1991, p.
332)[4].
Entonces, así se “gana en horizonte” es decir, hay una integración del
horizonte de la tradición del arte clásico “en un todo más grande y en patrones
más correctos”. Entonces, como vemos, no se trata del modo de Schleiermacher,
de un trasladarse “a mundo extraños” que nada tienen que ver con el nuestro,
sino que se trata de aprender a ver más allá de lo cercano en pro de una
integración en un todo más grande
Aquí podemos ver
otra idea importante en la hermenéutica que es la de “historia efectual” es decir, los efectos producidos por el texto en la
historia posterior (Tejedor Campomanes, 2017). Es a nuestra situación a
la que le aplicamos lo trasmitido en la historia efectual. Al decir de Gadamer
“no es la Historia la que nos pertenece sino que somos nosotros los que
pertenecemos a ella, los prejuicios de un individuo son la realidad histórica
de su ser”. Toda situación no se presenta a nosotros como algo trascendente
sino que nos incluye o, dicho de otra manera, no somos simples espectadores de
la misma sino que somos parte de ella. Deberíamos ser conscientes de que al
tratar sobre un tema del pasado estamos incluidos por los efectos de ese hecho
del pasado. Nuestra conciencia está definida por un historia efectual. En su
inserción en el acontecer histórico la conciencia recibe la acción que se
ejerce sobre ella. Ella misma es formada y conformada por esa efectuación de la
historia.
La idea de
Heidegger de que la hermenéutica entiende al comprender no como un aspecto
solamente gnoseológico sino más bien como un constitutivo ontológico del ser
del hombre; es decir, no se trata solamente de que el artista no puede
desarrollar su técnica si no está habituado “con el lenguaje de la tradición”
ni “estamos inmersos en la simultaneidad de pasado y presente” solo cuando
estamos leyendo o frente a un cuadro sino que toda nuestra vida “es un caminar
constate por la simultaneidad de pasado y futuro” (Gadamer, 1998).[5].
En resumen
Para Gadamer sería un error creer que la unidad de la obra
significa su clausura frente al que se dirige a ella y al que ella alcanza sino
que “la identidad hermenéutica de la obra tiene un fundamento mucho más
profundo”. Es la identidad hermenéutica la que funda la unidad de la obra. En
tanto que ser que comprende tengo que identificar. Pues ahí había algo que he
juzgado, que he comprendido. Yo identifico algo como lo que ha sido o como lo
que es, y sólo esa identidad constituye el sentido de la obra.
Referencias
Calvo Martínez, T. &
Navarro, J.M. (eds.), Filosofía, Anaya, Madrid, 2002.
Gadamer, H. G.; La actualidad de lo bello; 1ª
edición. Paidós. Barcelona. 1998
Gadamer, H. G.; Verdad y Método, Sígueme; Salamanca;
1991.
Tejedor Campomanes, C, Historia de la Filosofía en su
marco cultural, SM, 2017.
omo lo que es, y sólo esa identidad constituye el sentido de
la obra.
[1]
“Verdad y Método, H. G. Gadamer; Sígueme; Salamanca; 1991. p. 332.
[2]
Ibíd. 347.
[3]
“Verdad y Método, H. G. Gadamer; Sígueme; Salamanca; 1991. p. 367.
[4] “Verdad y Método, H. G. Gadamer; Sígueme; Salamanca;
1991. p. 332.
[5]
“La actualidad de lo belllo2; H. G. Gadamer; 1ª edición. Paidós. Barcelona.
1998.
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